Jurar con acento argentino: Rodrigo Mencía

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¡Más vale tarde que nunca! Si bien la publicación se hizo desear, la espera valió la pena, ya que se trata de la entrevista más larga que hasta ahora se haya publicado en el Blog. Lejos de hablar por hablar, Rodrigo, a quien se lo conoce en el ámbito profesional sobre todo por la traducción jurada, ofrece mucha sustancia en sus temas de charla. Veamos más en detalle en este intercambio entre argentinos.

– Para empezar, te agradezco por la disponibilidad. Me consta que sos una persona que duerme muy poco, por lo que tu esfuerzo se aprecia. Tengo fe en que va a salir algo interesante de este intercambio. Empecemos con tu ámbito de especialidad: las traducciones juradas. Al parecer, en la UE están debatiendo la posibilidad de «suprimirlas» o de limitarlas. ¿Qué creés que ocurriría y qué es lo que harías en ese caso?

– Es un placer participar en tu entrevista. Ofrecen un punto de vista distinto sobre los traductores, demuestran que somos personas, con vidas detrás de la pantalla o del teclado. En un mundo tan competitivo, es necesario que más gente se lance a compartir, a confiar, a ayudar a los demás. Gracias por tu esfuerzo.

Con respecto a lo de las juradas, en realidad lo que se suprimiría o limitaría serían las juradas de los documentos oficiales de los Estados. Esto quiere decir que quizás ya no traduciríamos un certificado de nacimiento o una fe de vida y estado, sino que ese documento sería plurilingüe o adaptado al país de destino. En la actualidad ya existen documentos así (como el certificado de nacimiento plurilingüe, aunque para muchos trámites exigen el literal y el plurilingüe no sirve, por lo que no entiendo por qué no se busca un mejor sistema). O sea que las juradas no van a acabarse. Eso espero, al menos.

– Alex Siú pregunta: «¿cómo ha sido dar ese paso de la jurídica a la veterinaria? A veces veo cómo los traductores pasan de una rama a otra por casualidades de la vida. ¿Es tu caso?»

– La verdad que fue igual que el de la localización a la jurídica/jurada. En mi caso, mucha casualidad no es, ya que amo a los animales con toda mi alma y tengo a gente cercana en mi vida muy ligada al ámbito veterinario, por lo que tengo una pequeña ayuda. Todavía estoy preparándome, pero quisiera seguir avanzando en ello. Igualmente, no pienso dejar nunca la traducción jurada, ya que es sin lugar a dudas una de mis mayores pasiones. Me encanta mi trabajo y lo único que cambiaría es tener más tiempo para ser cada día mejor.

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– Bajo tu punto de vista, ¿en qué podría mejorar el colectivo de intérpretes y traductores? ¿En qué debe mejorar, en cambio?

– Como dije antes, creo que los traductores tenemos notas de acceso muy altas para entrar en la carrera, que tenemos un espíritu muy competitivo y un mercado que alienta muy poco a trabajar en equipo. Creo que debemos superar la barrera del individualismo y entender que, si bien podemos tener diferencias, todos somos traductores e intérpretes y que lo que mejore para uno repercutirá en los demás también. Resulta muy cansino ver que pseudoagencias se aprovechan de traductores desesperados que trabajan por 4 céntimos, por ejemplo. También creo que tenemos costumbres de cobros y pagos nefastas. Tenemos que exigir pagos antes de empezar el trabajo a los clientes directos y, como mucho, a 30 días para agencias. Yo llevo muchos años cobrando por adelantado y vivo pura y exclusivamente de la traducción. No creo ser mejor que los demás para que a mí me paguen y a los demás no.

– ¿Te gustaría trabajar de alguna otra cosa algún día?

– Me gustaría tener tiempo para compaginar ser maestro de Kung Fu con la traducción. Me gusta mucho la enseñanza y, si puede ser enseñar una de mis pasiones, mejor que mejor.

– Olga Jeno comentó en el post anterior: «Me pregunto una cosa en cuanto a los múltiples viajes de Rodrigo: ¿se trata de viajes ligados a la profesión de intérprete o se menciona estos destinos como países de vacaciones y visitas culturales?»

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– Con respecto a los viajes, algunos han sido por ocio, otros por casualidad y otros por trabajo. Incluye todos. A veces, un mismo destino sirve para vacaciones y trabajo a la vez. Por ejemplo, viví en París pero este fin de año volví de vacaciones, por lo que resulta cierto lo que dicen de que “el responsable siempre vuelve al lugar del crimen”. 🙂

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– A propósito de esta última pregunta, te pediría que nos cuentes un poco de tu vida: en qué lugares viviste, por cuánto tiempo, qué es lo que te indujo a emigrar y cómo te encontraste en cada sitio.

– Bueno, entre los sitios en los que viví puedo nombrar Argentina, Francia y España. Son los lugares que me marcaron. El resto, o fue poco tiempo o fueron lugares de paso. En Argentina pasé gran parte de mi vida, mi infancia, mi adolescencia. No me arrepiento de haber crecido en Buenos Aires. Tuve la suerte de recorrer todo el país y entender que Argentina es mucho más que la Capital Federal. Ser argentino y, sobre todo, porteño, es algo que te marca para siempre. Nos hace tener una visión muy rápida de la vida.

En Francia viví mientras trabajaba para una empresa de Estados Unidos, por lo que no tuve la oportunidad de aprender francés como me hubiera gustado. Sin embargo, convivir con los parisinos me hizo sentir un poco como en Buenos Aires y, si bien tienen muchas cosas criticables, creo que los franceses son un pueblo muy orgulloso (en el buen sentido) y con valentía para hacer lo que se proponen.

Y finalmente, de España puedo decir que es un país pequeño pero mucho más distinto de lo que se percibe desde afuera. No es lo mismo un gallego que un andaluz, aunque tienen ambos cosas buenas y cosas malas. Del norte, de mi vida en Vigo por ejemplo, puedo decir que es muy difícil ser espontáneo o hacerse amigo rápido de un gallego. Eso sí, cuando se abren, uno gana un amigo para toda la vida. Del sur o de la costa oriental, creo que ya todos saben que, a pesar de no ser valenciano, me siento valenciano, por lo que cualquier cosa que diga de Valencia será parcial. En Valencia tuve mis primeros éxitos y es el lugar en el que aprendí a vivir, a ser autosuficiente e independiente. Su sol y su gente me lo dieron todo. También me siento sumamente cómodo en Barcelona. Creo que los catalanes son un pueblo maravilloso. Al estar continuamente entre Madrid y Valencia, puedo añadir que Madrid es mi segunda casa y que durante muchos años prejuzgué a la capital de España. Tras vivir en ella, debo admitir que también me siento como en casa, aunque lo único que se echa en falta es el mar, algo tan necesario para mí.

Emigrar es muy difícil. Emigrar te cambia. Uno ya no es ni de un lado ni del otro, pasa a ser un híbrido único. Te hace ver las cosas de otra manera. Ojalá mucha gente emigrase al menos una vez en la vida para entender que cuando uno se va de su país, no lo hace para jorobar a los del otro, sino por una necesidad, ya sea económica, social, cultural… Emigrar destruye barreras y tiende puentes, te cambia para siempre.

– A pesar de llevar años en España, no perdiste el acento argentino. ¿Te alegra haberlo mantenido? ¿Te parecen reales los estereotipos de argentinos?

– Claro, me alegra muchísimo. Una vez una chica me dijo “no lo pierdas nunca” y le he hecho caso. Mi abuela pasó 40 años en Argentina y no perdió su acento gallego. Espero seguir así también. Sobre los estereotipos, creo que cada vez son menos. Hay gente maravillosa de Argentina y no vale la pena que por 4 malos ejemplos se generalice. Reconozco que, EN GENERAL (espero que yo no), el argentino de Buenos Aires tiende a parecer soberbio, pero creo que es porque somos muy envalentonados y no todo el mundo entiende que lo pensamos en broma. Me gustaría ver otros países en los que sus habitantes sean tan autocríticos como los argentinos. De hecho, somos tan autocríticos que a veces nos falta un poco de patria de verdad (no la de sacar la banderita al balcón, sino la de no tirar papelitos al piso, cuidar las relaciones con los vecinos, reconocer las derrotas, etc.).

– Y a propósito de Argentina: ¿qué es lo que extrañás del país? Allá viviste la época de Menem: ¿qué recuerdos te quedaron de aquella década?

– Echo de menos algunos productos que en España no hay, algunas marcas de alfajores o el dulce de leche La Serenísima. Ahora mismo en España hay de todo y no se me ocurren otras cosas, realmente. Extraño a mis amigos también, pero por suerte me vienen a visitar cada tanto. De la época del innombrable, la percepción que tengo es que vivimos de los créditos y que cuando ese señor dejó el poder nos tocó pagar la factura de la fiesta. Algo parecido a lo que pasa en España y la UE ahora mismo. Parecía que Argentina era Estados Unidos o Japón, cuando en realidad nunca tuvimos las bases para serlo.

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– La gente que te conoce, te define como un tipo muy íntegro. ¿Qué es la ética para vos?

– Creo que ser ético es ser justo, más allá de lo que a uno le convenga. Es perseguir el bien general y no el individual. Es tener unos valores de progreso. Intento ser ético, intento ser justo. Creo que al mundo le hace mucha falta eso. A veces me llevo palos muy grandes por intentarlo, pero cuando las cosas funcionan, la recompensa es mucho mayor. Por ejemplo, yo cuando subcontrato a alguien, le pago al momento de recibir la factura. Quedarse una factura incluso 10 días sin pagar me parece innecesario, ya que ese dinero NO es mío y la persona que me dedicó su tiempo y confianza se merece el mayor de los respetos.

– Hay dos peculiaridades, por así decirlo, a las que muchos te asocian. Una es la dieta vegetariana, algo un tanto insólito en el imaginario sobre los argentinos: empecemos por ahí. ¿De hace cuánto que sos vegetariano? ¿Extrañás de vez en cuando comer un asado? ¿Cómo te manejás con la dieta?

– Soy vegetariano desde hace 4 años y pico. Cambié tras ver el documental Earthlings. Me tiré varias horas llorando a cántaros y no pude volver a probar bocado de animales muertos. No critico a la gente que come animales, pero yo paso de comerlos. Que cada uno haga lo que pueda por el mundo. Unos van de voluntarios, otros se hacen vegetarianos, otros cuidan de su abuela. Yo, entre otras cosas, elijo ser vegetariano. Cada uno debe intentar ser mejor en los años que nos tocan de vida. Yo lo intento de esta manera. Ahora mismo pienso en comer carne y me da bastante asco, pero no tengo problema en estar al lado de gente comiendo carne ni nada por el estilo. Como digo, que cada uno haga lo que considere.

– La otra peculiaridad es tu alma de defensor de animales. ¿De dónde nace ese aspecto tuyo? ¿Qué pensás de los circos? ¿Y de los zoológicos? ¿Los ves como una posibilidad para proteger especies en vías de extinción o como una jaula? ¿Por qué?

– No sé bien de dónde nace pero supongo que la responsable de mi forma de pensar es mi mamá, tanto en esto como lo que preguntabas sobre la ética. Mi madre tiene defectos, pero pese a eso siempre me enseñó que hay que hacer lo correcto, cueste lo que cueste. Una de las cosas que me enseñó es el respeto por los animales. No le gustan mucho los bichos en casa, pero en el campo o sueltos sí que le gustan. Mi abuela sí que tenía más maña con los animales e incluso me contó que su papá (mi bisabuelo) era un amante de todos los animales y que yo me parezco físicamente a él en su juventud. Él tenía todo tipo de bichos en casa y era un loco de los gatos. Yo soy igual.

De los circos y los zoológicos pienso cosas muy malas. Creo que los animales deben estar libres y no vivir forzados a trabajar para nosotros. Son prisiones y los animales no se divierten. Yo puedo encerrarte en una casa, tenerte estupendamente cuidado y quererte, pero eso no significa que no debas ser libre. Sin posibilidad de ser libre, no existe excusa. Lamentablemente, algunos animales no están bien siquiera en libertad, ya que les usurpamos sus territorios o no les permitimos expandirse por este mundo que también es de ellos. Creo que la relación animal humano-animal debe darse en libertad para ambas partes. Los que tenemos animales en casa muchas veces los recibimos porque estaban abandonados, maltratados o se morirían en su entorno natural (hay animales modificados genéticamente para ser más productivos, como las gallinas, y no sobrevivirían ni un mes en la naturaleza).

– Tu interés por los animales se ve reflejado en tu vida cotidiana. Llama mucho la atención que tengas una gallina como mascota, además de una gata y una pajarita. ¿Cómo se te ocurrió la idea?

– Bueno, no fue idea sino que simplemente aparecieron en mi vida. La gata me llegó a través de una amiga que no podía cuidarla y al final me la quedé. La pajarita se la encontraron unos amigos cuando era pichón, no comía ni volaba y yo la cuidé, alimenté y le enseñé lo poco que pude. Ahora no se va. Tiene un ala torcida de nacimiento y es estéril, por lo que supongo que la madre la tiró del nido por eso. Y a la gallina me la encontré en una autopista. Es una gallina ponedora industrial y se comporta igual que un perro. Los animales aprenden por costumbre, no por inteligencia, por lo que es posible enseñarle casi cualquier cosa a cualquier animal si el sistema de enseñanza es bueno. Este tipo de gallina se pasa el día comiendo para poder poner tantos huevos y necesita unos cuidados veterinarios importantes. Es una aberración que los animales humanos hayamos hecho cosas así a los animales.

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– Lo de la gallina no será porque sos hincha de un equipo de fútbol que hace poco descendió a la B en Argentina… ¿O sí? ¿Con qué club te identificás?

– No, no, ni loco, je, je. Yo soy hincha de Ferro en Argentina, hincha del Valencia y del Celta en España. Aunque no le doy tanta importancia al fútbol, la verdad. Me divierte jugarlo, me entretiene verlo, pero si me pierdo un Barça-Madrid por estar en un parque no voy a hacerme problema.

– Mencionaste dos de tus pasatiempos: Kung Fu y la música. Contanos un poco de tu recorrido en las artes marciales y como cantante.

– El Kung Fu que practico es Wing Chun. Comencé a practicarlo por “hacer algo” y ahora estoy enganchado, tras unos cuantos años. En breve llegaré al cinturón negro, pero no considero que eso sea un fin sino un principio. Es a partir del negro que uno empieza a aprender de verdad. Algo importante del Kung Fu es que lo intento utilizar en mi vida diaria, con mis problemas cotidianos. Una de las premisas del Kung Fu es no ejercer fuerza contra un obstáculo que tiene una fuerza superior. Propone aprovechar la fuerza contraria, hacernos a un lado y golpear más fuerte con su propia inercia. En la vida se puede hacer lo mismo. Ese es el verdadero Kung Fu. Cualquiera puede dar golpes, pero no cualquiera puede enfrentarse y ganarle a uno mismo. Yo todavía intento ganarme a mí mismo, me cuesta. Espero algún día poder ganarme.

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En la música me desarrollé en Valencia principalmente, aunque la afición al canto venía desde la adolescencia, con grupos en Buenos Aires. En Valencia toqué en varios grupos con los hermanos Sanchís (Tito y David) y debo a ellos gran parte de mi crecimiento como cantante. Actualmente apenas tengo tiempo, pero me gustaría volver a encontrar un grupo o participar en proyectos.

– ¿Qué es lo que más disfrutás? ¿Hay algo a lo que te gustaría dedicarle más atención?

– Difícil pregunta. Creo que lo que más se disfruta es lo que menos buscamos, lo más cotidiano. Uno no valora la importancia de ver una peli tirado en el sofá con tu pareja hasta que no puede hacerlo. Yo, personalmente, los mejores momentos que siento que tengo son cuando me reúno informalmente con amigos un día cualquiera, cuando voy a clases de Kung Fu, cuando puedo viajar y disfrutar de la naturaleza, cuando estoy con mi novia o cuando puedo ayudar a la gente de alguna manera.

– Y ojalá que encuentres el tiempo para hacerlo. Si algún día llegás a grabar alguna canción, será un gusto compartirla en la página de Intérpretes y Traductores al desnudo-Interpreti e Traduttori allo scoperto. Fue muy constructivo ver una de las caras detrás de «Traducción Jurada Oficial». Y como canta Bersuit: «Diseminados y en franca expansión…»

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